Es una odisea. No cabe la menor duda. Y no me refiero a una de esas odiseas de andar por casa que los aficionados a la hipérbole vivimos con frecuencia en nuestra cotidianeidad más anodina. Me refiero a la última producción de Hollywood recreando la clásica obra de Homero. Y conste que no pretendo en lo más mínimo apurar las lecturas, ni acercarme de lejos a un análisis pormenorizado de una de las más grandes obras maestras de la literatura universal, piedra fundacional de los cimientos de la cultura helenística. Tampoco puedo hacerme cargo de realizar una crítica cinematográfica rigurosa, yo que ignoro y olvido estrepitosa y continuamente los nombres de reconocidísimos actores y actrices, así como de cineastas y guionistas de alto rango. No puedo ni quiero hacer nada de eso, y no obstante, después de ver la última adaptación al cine de la Odisea, mi estado anímico me inclina de manera irremediable a hacer una de estas tres cosas: 1) releer la obra de Homero, 2) repasarla mentalmente para revivir una y otra vez las aventuras que he visto en la película, o 3) navegar por mares iracundos y disparar con un arco a toda una caterva de impresentables. Dada la dificultad de la tercera opción, y la falta de inmediatez de la primera, me inclino por la segunda.
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| Uno de los carteles que me han salido en el buscador. |
Por lo tanto, una mezcla de entusiasmo y recelo me acompañaron hasta la cola del cine. El primero se mantuvo durante las tres horas, mientras que el segundo se desvaneció en los primeros minutos. Esta nueva adaptación de la obra homérica guarda, muy acertadamente, un cierto parecido con las técnicas narrativas de la obra original: hay en ambas cambios en la voz de la narración que posibilitan la analepsis y el relato autobiográfico del héroe. Aunque esto hace que la película conserve en parte la esencia de la narración primigenia, no obstante el inesperado cambio de narratario nos desconcierta un poco, pasando del rey del país de los feacios en la historia original a la mismísima Calipso en la película. Y esto, si hemos de ponernos quisquillosos, que para eso estamos, nos obliga a preguntarnos cómo es posible que Calipso retenga a Odiseo gracias a la ingesta de flor de loto, lo que supuestamente le hace perder la memoria, y a la vez él sea capaz de recordar lo que le ha pasado y narrárselo pormenorizadamente a la ninfa.
Sin embargo, se aprecia un intento de dotar al relato de una verosimilitud muy de agradecer y muy digna. La presencia de los dioses es mucho menos explícita que en el poema homérico, lo cual acerca el abanico de interpretaciones posibles al espectador moderno, que puede comprender la historia en términos más actuales: el destino, la toma de decisiones o el mal llamado “karma” pueden jugar el papel de los dioses. Y aunque no se podría hablar en ningún modo de realismo, ya que la historia inevitablemente está cargadita de elementos fantásticos (cíclope, gigantes, hombres convertidos en animales, fantasmas y otros monstruos), sí que es de agradecer que los soldados que van dentro del caballo de madera se ahoguen y se defequen unos encima de otros. Porque claro, en la Odisea de Homero no se cuenta apenas nada de la Guerra de Troya, pero a ver quién es el listo que hace una película a todo tren sobre la antigua Grecia y no mete la historia del caballo de Troya...
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| El cíclope a lo Saturno devorando. |
Bueno, y ya puestos, a ver quién no mete a Agamenón con una indumentaria intergaláctica al estilo Darth Vader, protagonizando el saqueo de Troya en fabulosos momentos de acción trepidante y lleno de un sentimentalismo anacrónico. Y de paso, puesto que la toma de Troya fue un acto inhumano y despiadado, pues para dotar de profundidad ética al héroe se mete una reflexión sobre los desastres de la guerra y el arrepentimiento de haber tomado parte en tales atrocidades, justo cuando Odiseo vestido de vagabundo habla con Penélope, para postponer un poquito la escena de la venganza que todos estamos esperando. Y ya que estamos, pues también se puede prolongar la duración de la escena de la venganza, y que incluso Odiseo reciba alguna herida, para darle algo más de emoción. Y por supuesto, para que el malo sea más malo, conviene haber introducido unas notas de cobardía en el vergonzoso pasado y presente del antagonista, el cabecilla de los pretendientes.
Y así se hace otra Odisea. En parte tomando la perspectiva de la narración original, y en gran medida añadiendo fuegos artificiales junto a una banda sonora pensada para hacer que se te salga el corazón por la boca cada vez que los malogrados soldados escapan a toda prisa de otra isla maldita, rodando colinas abajo mientras el monstruo de turno les pisa los talones.
Para ir concluyendo, solo añadiré un par de cosas más. La primera, que no estaría de más que todo el mundo viera la película para pensárnoslo dos veces antes de soltar a la ligera que cualquier cosa “es una odisea”, y porque además nos acerca al mundo clásico y a los orígenes de la literatura de occidente. Y la segunda, que a ser posible se lea antes la obra de Homero, que es el orden ortodoxo que hay que seguir para sentir que uno habla con propiedad de algo.
1Que sí: que son lenguajes artísticos muy distintos. Y que el cine requiere introducir ciertos trucos para hacer la película más atractiva. Y que es normal que haya cosas en el libro que no aparecen en la peli, y viceversa. Y que además hay algunas de calidad excepcional, quién lo duda.


